Por un momento creà que el tiempo se congelaba. Mis caricias bailaban por tu piel, nuestras piernas se enredaban entre sábanas desconocidas y nuestra respiración iba al compás hasta que tus labios llamaron a gritos a los mÃos, que sin quererlo o queriendo se juntaron. Fui incapaz de separarme de ellos pero por un segundo pensé en salir de aquella cama y echar a correr con todas mis fuerzas hasta que me ahogara en mi propia respiración.Los primero rayos del sol se abrieron paso dando por finalizado nuestra furtiva noche.
Ona.











